La cultura de la cancelación: Una tendencia avasallante

La cultura de la cancelación: Una tendencia avasallante

Esta cultura no es nada nuevo. Mucho antes del furor de Internet, esta “cancelación” se regía por diferentes términos, de los cuales muchos de ellos yacían dentro del marco legal y, si nos remontamos más atrás en la historia, la pena de muerte era uno de esos tantos métodos.

Hoy en día, la condena social tiene un impacto contundente a nivel psicológico para el famoso o influencer sentenciado, y represente uno de los métodos más letales para su desarrollo social. En otras palabras, la cancelación representa un fuerte aislamiento ya que todo el mundo conoce su cara, su comportamiento y su oficio por lo que esta condena no les permite desarrollarse socialmente ni, en muchos casos, laboralmente.

Todo esto se da a lugar cuando la opinión del influencer recolecta el repudio y atrae todo el hate (odio) posible en las redes sociales y la gente misma decide tomar el toro por las astas y condenar socialmente a esa persona, privándolos de la tranquilidad al constantes críticas y ataques verbales.

Pese a tener la atención sobre la celebridad en cuestión, este acto habla más sobre la sociedad. Cada acción generará su esperada reacción, pero no siempre hablamos de una misma reacción para todo. Pero cuando nos cae mal alguien, ¿cuál es nuestra primera iniciativa hacia esa persona? ¿alejarnos e ignorarla o automáticamente atacarla?

La condena social también revela la verdadera identidad de la sociedad

Otro personaje embestido por la condena social que también recibió cargos judiciales tras decir “Unas ganas de jugar a los bolos en la 9 de Julio” en su programa de radio, demostrando así su postura con respecto a la política ya que en ese mismo día se realizaba la marcha en contra del gobierno argentino. Su mensaje hacía clara apología a la violencia contra la manifestación conformada por camiones cortando una de las avenidas más anchas del mundo.

El humorista se escudó afirmando que es parte de su humor y que no debería haber tales represalias judiciales. Sin embargo, se entiende que cuando la celebridad tiene una cierta responsabilidad social por todo lo que emite y expresa ya que es una fuente de influencia directa para su público. Dicho esto, ¿la libertad de expresión sigue siendo restringida por el propio pueblo que demanda la existencia de esta misma? No se debe olvidar que toda expresión de los famosos son el vívido calco de la sociedad en la que viven, si no ¿dé qué más se expresarían?

La condena social juzga el pasado y no perdona

Martín Cirio, mejor conocido como La Faraona, un Youtuber e influencer fue recientemente cancelado por la mayoría de la comunidad de Internet por sus antiguos Tweets de hace 10 años haciendo apología a la pedofilia. Entre la pelea mediática del cumbiero El Dipy y La Faraona, los tweets de la celebridad de Internet salieron a la luz como el modus operandi del ataque.

Parte de esa condena, se basa en juzgar el pasado del acusado y señalarlo hasta que todo su perfil quede absolutamente expuesto, pero ¿acaso no todas nosotras tenemos un pasado con tintes oscuros? Señalar la falencia de alguien que tiene un cargo en los medios o cierta responsabilidad social por todo lo que dice o hace es una medida restrictiva para cuidar su influencia peyorativa hacia los más jóvenes y, en muchas ocasiones, funciona bien. Por otro lado, señalar la “imperfección” de estas personas puede resultar en un acto hipócrita. Pensar en la mera carencia de errores es una señal de inmadurez fortuita y, en efecto, deja en evidencia la verdadera identidad de la sociedad que juzga a ciegas.

No obstante, si se encuentra una actitud por las celebridades que no deben ser aceptadas es de suma importancia que se tome carta en el asunto. No hacer nada al respecto también sería una respuesta, aunque quizás no es la más adecuada, ¿o tal vez lo es?

Cada celebridad representa la generación y cultura de ese momento

Santiago Maratea, un Instagrammer famoso partidario de la solidaridad y empatía colectiva, también fue acusado y cancelado por cometer un error en vivo durante su programa de radio Generación Perdida, junto a Sofía Carmona. Acusó a MoMo, un streamer argentino, de tener tendencias pedófilas en pleno programa, pero más tarde, en Twitter se rectificó diciendo que se había equivocado de persona. MoMo tomó represalias legales al encontrar abusivo el hecho de acusar públicamente sin siquiera revisar el perfil del acusado.

Ahora bien, ¿no es lo que muchas veces nosotras mismas hacemos? ¿Acaso las personas no públicas son las únicas exentas de tener consecuencias al juzgar libremente? ¿Es “juzgar” la única herramienta que tenemos para diferenciarnos del resto? El factor fama solo aumenta la visibilidad de los errores, mientras que la que goza del anonimato sólo su conciencia sabe lo que hace y lo que no. Sin embargo, los “errores” siguen estando ahí – que alguien los señale no lo convierte en santo.

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Todo lo dicho por aquellas personas públicas claramente revela en qué clase de sociedad se han desarrollado y cómo es su ambiente. Sus “desahogos” confirman su arraigado sentimiento hacia un determinado valor o principio que siempre será protegido y reafirmado por algún sector de la sociedad. Estas personas públicas hincan en la oportunidad de hablar sobre temas polémicos y controversiales sólo para ganar audiencia así como también romper con un parámetro social establecido, pero es como remar contra la marea – ¿realmente el objetivo de los influencers es romper con el paradigma o simplemente son desahogos emocionales?

La introspección como herramienta social

Hoy en día se viven tiempos bastante violentos debido a una ruptura en la mentalidad social de generaciones pasados, la cual fue forjada bajo el adoctrinamiento carente de empatía. Por otro lado, la costumbre y el “poder” de cancelar gente famosa no nos aleja de las antiguas costumbres del castigo en cuanto alguien no cumplía con el mandato de aquel entonces. Según los experimentos de Salomon Asch sobre la influencia y conformidad, psicólogo social, demuestran que en sociedad el humano tiende a luchar por la conformidad normativa y no ser segregado por el resto. Esto demuestra que las opiniones pueden ser apoyadas por el simple hecho de querer “encajar”.

Ambas opciones comparten similitudes, por lo que es muy importante el reconocimiento de estos actos. Citando una frase épica de una película con renombre, Mean Girls (Chicas pesadas), “decirle estúpido a alguien no te vuelve más inteligente, decirle gorda a alguien no te vuelve más flaca y arruinar la vida a Regina George en definitiva no me hizo más feliz” – un buen recordatorio de lo que nos deja esta película taquillera: “Todo lo que puedes hacer en la vida es resolver el problema que tienes en frente”.

Esa película nos transmitió una enseñanza memorable que nos ayudará para manejar la ira y el hate en las redes sociales: Una introspección de sí misma ayuda a mantener un equilibrio mas calmo y así poder desarrollarse bien con las demás personasya que la cultura de la cancelación no sólo se trata de prohibir el desempeño de esa persona, sino que también acarrea mucho odio, por ello ¿es necesario cancelar con tanto repudio o es un acto justificable? 

 

sofia.hourcle

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