¿Demonizar la generalización sirve para ser mejor persona?

¿Demonizar la generalización sirve para ser mejor persona?
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Muchas normas sociales imperan como requisitos para ser una buena persona, pero la discusión sobre el bien y el mal ha prevalecido durante mucho tiempo. Pese a ser un tema tan subjetivo, todavía se intenta hallar una respuesta clara. La misma disyuntiva recae en generalizar: ¿por qué generalizar está tan conceptualizado como una falencia?

Según Bernardo Peña Herrera, psicólogo y editor español, el acto de generalizar es un arma de doble filo. Es un hecho de que la generalización nos ayuda a entender un concepto en 5 segundos así también como a sobrevivir, pero también representa un gran obstáculo para experimentar aspectos nuevos de la vida. Asimismo, todo cuenta con una ventaja y desventaja. Sin embargo, ¿por qué solo se destaca su desventaja?

Costumbres antiguas

En términos factibles, el hecho de prohibir una conducta pasiva como la generalización es un acto contraproducente. En efecto, las reglas sociales cuentan con una vida útil ya que tarde o temprano se renuevan por un nuevo paradigma totalmente diferente; casi llevando la contraria a lo que se solía hacer. Por ejemplo, a partir de la década de los 60 ́ en los Estados Unidos, la tasa de divorcios fue mayor en comparación a otras épocas y esta ola de separación congruente al cambio produjo una nueva norma: la convivencia no era sinónimo de matrimonio como antes. Otro claro ejemplo es la aparición de la minifalda durante los locos años 20´. Por lo general, la mujer cubría sus tobillos con faldas largas antes de aquella época, pero las minifaldas llegaron para establecer parámetros de vestimenta completamente opuestos cuyo impacto desplazó de manera rotunda la vieja normalidad.  Por tanto, cada “normalidad” que surge tendrá su contraparte lista en un futuro.

La generalización en infantes

“Lo malo de generalizar” por el periodista Manuel Bellido Bello aclara que la tendencia de generalizar es útil, pero que además induce a los seres humanos a falsos prejuicios llevando a determinar potenciales hechos que quizás jamás ocurrieron basándose en una mecánica de pensamiento construida por experiencias, creencias y hasta estadísticas. Por otra parte, la generalización es un mecanismo psicológico también formado en infantes cuya función es reconocer y conceptualizar patrones.

Según el estudio de Nina Taliziana, Neuropsicóloga de la Universidad Estatal de Moscú, muestra que la generalización no se determina por los objetos, sino que se mediatiza por la actividad del sujeto con estos objetos.En el trabajo se analiza la dependencia de las características particulares sometidas a la generalización, de su lugar en la estructura de la actividad del sujeto. En el estudio se incluyeron dos grupos de niños de 5 años a 6 años de edad, y por consiguiente la  generalización es el resultado de la interacción del sujeto con el objeto en cuestión y no al revés.

Entonces, partiendo de la premisa de considerar la generalización un acto en defensa a “lo nuevo” realizado por adultos, ¿por qué ocurre en los más jóvenes? ¿Qué factor no se está teniendo en cuenta?

La generalización como precaución cultural

Por lógica, las personas luchan día a día para no equivocarse o tomar decisiones que perjudicarán su vida a futuro y, durante la historia humana, todas hemos buscado tener un desarrollo ameno con un impacto positivo en nuestras vidas. Sin embargo, por miedo a cometer errores, terminamos teniéndolos. ¿Es acaso esa la respuesta? ¿Prohibirnos algunos actos psicológicamente naturales para acercarnos a la perfección?

Según la declaración de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), México es uno de los países más machistas de Latinoamérica. En consecuencia, esta afirmación dispara una alerta en todas las mujeres que quieran viajar a otro país; resulta lógico que no escojan México como su destino o que automáticamente sean más precavidas al entablar contacto con un ciudadano mexicano. Esto es, sin lugar a dudas, una reacción común ante una declaración pública. Queda de más aclarar que no todos los mexicanos son machistas, pero ¿están todas las mujeres dispuestas a poner bajo tela de juicio dicha declaración? De hecho, volviendo a considerar una perspectiva sumamente psicológica, la gente generaliza en todo momento cotidiano por el simple factor de tener precaución o cuidado.

La simple acusación de “todos los hombres son iguales” o “no todas las mujeres son iguales” parte de las constantes malas experiencias de la persona en cuestión; por ende, es comprensible su extrema cautela, pero no justificable. Aun así, ¿por qué siempre se busca penalizar dicha generalización? ¿acaso buscamos penalizar con tantas ansias la desconfianza que presentan animales salvajes ante el humano? No todos los seres humanos trafican con marfil, pero indudablemente ningún elefante salvaje bajará la guardia durante el primer encuentro con un humano. La precaución nace por lo desconocido o por el recuerdo de una mala experiencia que revive ante un suceso similar o parecido. En otras palabras, la generalización estaría funcionando como un escudo protector del mundo exterior.

Acorde a los estudios realizados por Martin Heidegger y Hans-Georg Gadamer durante la investigación y confirmación de los procesos del círculo hermenútico, dos de los tantos pasos que describen son la “conceptualización” y “serialización” de lo adquirido de nuestro entorno, por lo que al ser un desarrollo meramente natural es imposible que podamos interrumpir nuestra forma de entender. En consecuencia, cuando generalizamos estamos ahorrandonos tiempo que usualmente consumiríamos en realizar extensos análisis en nuevas experiencias. En otras palabras, la generalización es necesaria.

Desde un punto de vista cultural, establecer parámetros y “límites” provoca repudio, por lo general. La oposición  se ve claramente expresado en la redes sociales y muchas veces es representada por memes para “suavizar” sutilmente su mensaje o hate.

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Si bien englobar conceptos bajo una misma etiqueta compartida es, sin lugar a dudas, un acto de defensa; una confirmación simbólica de establecer límites psicológicos por parte del sujeto hacia con el objeto en cuestión, es decir, la persona o grupo de personas dejan bien en claro que no tienen la intención de averiguar lo contrario a lo que piensan pero no por terquedad, sino más bien por autocuidado.

Ahora bien, ¿podemos culparnos de tener estas reacciones ante lo desconocido o esta precaución? ¿podemos culpar a la otra persona de tenerlas? En todo caso, juzgar la generalización es generalizar vagamente sobre las creencias y costumbres que rigen estilos de vida y pensamientos inclusive. Como consecuencia, en la búsqueda social por no caer en la hipocresía o alcanzar la platónica perfección, podemos desvirtuarnos. Neurolingüísticamente, los parámetros son necesarios en nuestas vidas aunque, desde un punto de vista social, todo sea debatible.

sofia.hourcle

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